Es posible que los árboles de Bolonia no hayan dejado ver el bosque de los Campus de Excelencia, pero lo cierto es que la auténtica transformación de la Universidad española podría derivar no tanto de la adaptación a los estándares formales de Europa como de un programa con el que, a partir de este mismo curso, las autoridades quieren revolucionar la educación superior española para hacerla más especializada, abierta a la colaboración con empresas y otros organismos y capaz de crear riqueza mediante la innovación y la transferencia de conocimiento.
El programa quiere ser, también, el fin de una financiación basada sólo en la docencia y el pretendido inicio de una nueva etapa en la que primen la capacidad de inventar y establecer vínculos -sociales, científicos e industriales- con el entorno. Hasta hace unos años, una universidad española era poco más que una academia a la que los alumnos acudían, masivamente, en busca de un título. Ahora, con muchas aulas vacías y un nuevo paradigma económico que, al menos sobre el papel, dependerá cada vez más de la I+D, los retos son otros. Nuestra Universidad deberá ser, según la orden que regulaba este verano las ayudas a los Campus de Excelencia, «promotora de innovación social, económica, cultural y urbanístico-arquitectónica».
El Ministerio de Ciencia e Innovación, por su parte, habla ya de situar, de aquí a 2015, a las universidades españolas entre «las mejores de Europa», posición que ahora, pese a sus continuados progresos, distan mucho de ocupar. Sólo el tiempo dirá si el objetivo es un brindis al Sol. De momento, se ha logrado involucrar a las universidades, por primera vez, en una convocatoria competitiva. «Es un salto cualitativo en el tratamiento de la investigación y la transferencia universitaria», explica Juan Tomás Hernani, secretario general de Innovación, quien resume los tres objetivos del programa: agregación, especialización y transferencia.
Para los 15 centros públicos que han sido seleccionados para competir en la fase final, está siendo una lucha a brazo partido. Si el próximo día 25 consiguen el sello de Campus de Excelencia Internacional (CEI), acompañado de jugosos préstamos a interés cero, incrementarán notablemente su prestigio y se situarán como una referencia a nivel nacional en el área en que hayan decidido especializarse. Los demás podrán esperar nuevas convocatorias, pero habrán perdido su puesto en la parrilla de salida.
El programa, que ahora depende de dos ministerios, Educación y Ciencia e Innovación, creará distintos focos de especialización en áreas concretas de la geografía española, desde la lengua castellana, y toda la industria surgida en torno a ella, hasta las últimas tendencias de la bioingeniería o la nanotecnología.
De hecho, el grueso de las subvenciones (sin contar préstamos), que asciende a 50 millones provenientes del 'Plan E' y depende de la cartera que dirige Cristina Garmendia, ya se ha repartido entre 22 campus, en los que participan un total de 28 universidades. Entre ellas, están las 15 que competirán la semana que viene por la mención de Excelencia, además de otras 13 que ya han sido descartadas para este año pero han obtenido una mención de calidad.
También se han otorgado otros tres millones de euros, esta vez a cargo de Educación, para los 15 preseleccionados, los mismos que optan ahora a repartirse un total de 150 millones en créditos, que se coordinarán desde el Ministerio de Ángel Gabilondo en colaboración con las comunidades autónomas. Con todo ello se quiere animar a las universidades a dirigir sus esfuerzos hacia lo que mejor sepan hacer y sumen sus capacidades a las de organismos públicos de investigación, centros tecnológicos, parques científicos y empresas privadas.
A juzgar por las ayudas a la innovación, las mayores concentraciones de excelencia se darán en Madrid, Barcelona y Andalucía. Por el contrario, y según se desprende de los resultados de las primeras convocatorias, algunas regiones se configuran como auténticos desiertos de la I+D+i. Ninguna universidad de Castilla León, Castilla La Mancha, Extremadura o Murcia ha sido preseleccionada para la mención de Excelencia, y sólo una de ellas, la de Salamanca, ha recibido ayudas para un proyecto editorial en el que participa el Instituto Cervantes.